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“Estas tragedias nos han recordado que las palabras importan y que el poder de la vida y la muerte está en la lengua”.

Capellán del Senado, el Rvdo. Barry Black.

6 de enero. El día de Reyes según nuestro calendario cristiano. Gran parte de todo eso desapareció en casi todo el territorio de los Estados Unidos el miércoles. En mi caso, el día comenzó con oración, ya que la época navideña finalmente llegaba a su fin. También terminó en oración, una ofrecida por el capellán del Senado, el Rvdo. Barry Black, a quien el vicepresidente le había solicitado que lo hiciera inmediatamente después de que el Congreso finalmente terminara su labor para nuestra democracia, en la madrugada del jueves.

Entre oración y oración, sucedieron muchas cosas.

Todos fuimos testigos de escenas que no muchos de nosotros alguna vez nos imaginamos que pudieran pasar algunos años atrás. No los conozco, pero en estos últimos años sé que muchos han dicho cosas como: “Seguro ahora…”, “Seguro esto será suficiente…”. Pero en todo ese tiempo, poco ha cambiado. En todo ese tiempo, muchos han dicho (o me han dicho): “Son solo palabras”, “Él es así”, “Exagera”, “Es raro y grosero, pero…”, y así sucesivamente.

Intenté escucharlos, por más difícil que se me hiciera, y me hacían pensar que quizás esta sería la última vez. Muchos de nosotros lo creímos. Les confieso que yo también lo hice, durante mucho tiempo, y ahora me arrepiento de eso. No volverá a suceder.

Algunos de ustedes me han dicho: “Tienes que alejarte de la política”. Al igual que muchas de nuestras palabras conflictivas, “política” es en realidad neutral. Su impacto se debe a nosotros, a todo lo que proyectamos en ella y a todo lo que le atribuimos.

Aquí es donde me encuentro.
Mi principal lealtad es a Cristo.
Mi principal bandera es la cruz.
Para mí, no se trata de política, sino del Evangelio.

He querido decirles a muchos de ustedes que me han involucrado en este debate que me he alejado de él tras haber visto las grabaciones de “Access Hollywood” antes de las elecciones. Eso ya fue demasiado lejos. Y luego, con el paso de los años, simplemente ha habido cada vez más razones: niños que fueron separados de sus padres y encerrados, que todavía no han podido volver a reencontrarse con ellos. El intento de prohibir el ingreso de refugiados de otros países, en especial musulmanes. “Había gente muy buena en ambos lados”. Gas lacrimógeno para protestantes pacíficos para que pudiera hacerse una foto con la Biblia en sus manos al frente de una iglesia. Mentiras. Engaños. Y a lo largo del camino, ha instigado e incitado disturbios y ha hecho que la gente se pelee los unos contra los otros mientras él se esconde detrás de todo lo que lo protege. Incluso después de haber cerrado su cuenta de Twitter, ha encontrado la forma de continuar sugiriendo la matanza y la violencia, cuando en realidad debería hacer todo lo contrario como líder. Resulta tan fácil para él hacerlo, ya que está tan protegido, tan seguro, tan aislado.

La supremacía blanca es algo real. Este presidente la ha utilizado, la ha manipulado, la ha promovido y cada día ha echado más leña al fuego consciente e inconscientemente. El miércoles, el día de Reyes, hizo exactamente eso ante todos nosotros. No solo lo sugirió. Les dijo a sus seguidores, a quienes les había pedido que se dirigieran a nuestra capital: “Los acompañaré”. Les dijo a sus seguidores, y a todos nosotros: “No pueden salvar nuestro país siendo débiles”. Nos dijo a nosotros, y a todos aquellos que había congregado para que hicieran su voluntad: “Tienen que lograr que su gente luche”. Esas fueron sus palabras.

Su servil abogado se presentó ante ellos y utilizó estas palabras, e instó a aquellos que se encontraban en ese edificio a que hagan un “juicio por combate”. ¿Cómo alguien puede decir ahora que no estaba incitando, provocando ni deseando exactamente lo que pasó, o tal vez algo peor?

Hizo todo esto ignorando completamente el hecho de que una pandemia que ya se ha cobrado demasiadas vidas, muchas más de las que deberían haber sido, se estaba tornando aún peor que todos los meses en que la combatimos. Miles de personas por día, todos los días, mueren y siguen haciéndolo en todo el país, gracias a nuestra meramente pésima respuesta al virus. Estos miles fueron a quienes él solo, con sus palabras, les arruinó, complicó y quitó la posibilidad de acceder a esta respuesta. De hecho, en estos días, mientras le prestamos atención a su último egocéntrico show secundario, se ha alcanzado el nuevo récord de más de 4,000 muertes por día. Los EE. UU. ahora ocupa el 11.° lugar en el ranking mundial de los peores países, de 152 que han sido analizados, con más cantidad de muertes per cápita a causa de la COVID. Ha ignorado el sufrimiento de su gente, todo por su propio interés, no solo hoy, pero especialmente hoy.

Incitó esas triste imágenes que vimos el día de Reyes, y luego se quedó a salvo en la Casa Blanca mientras nuestra capital era atacada, profanada y saqueada. Murió gente. Y sigue muriéndose. La gente perdió sus vidas ese día en nuestra capital y en nuestros hospitales colapsados de todo el país mientras él, contento, observaba la devoción que los atacantes de nuestro Capitolio sentían hacia él. A pesar de sus reacias palabras “correctas” que dedicó tras los incidentes, continúa, detrás de las cámaras, fomentando la violencia y la insurrección.

Ahora, su gabinete está abandonando el barco. De repente, personas que lo han acompañado y que han pedido disculpas en nombre de él a lo largo de este tiempo están diciendo: “Yo me largo”. Pero todo esto con 48 horas, o quizás años, de retraso.

Podría culparlo a él, y por supuesto que lo hago, pero no se trata de él solo. La supremacía blanca y su privilegio han atacado y saqueado nuestro Capitolio el miércoles, el día de Reyes. La supremacía blanca y su privilegio estuvieron a la vista de todos ese día y lo han estado durante los últimos cuatro años y, sinceramente, durante toda la historia de nuestro país. Esto ya pasaba mucho antes de él, y seguirá pasando después. Solo nosotros podremos cambiarlo.

Sé que muchos de ustedes, si es que han seguido leyendo el artículo, ya están muy enojados, y quizás los haya perdido, pero, a pesar de que es posible que no cambien de parecer, déjenme decirles esto con claridad: yo también soy parte del problema. No estoy exento. Me he beneficiado de la supremacía blanca y de su privilegio, y continúo haciéndolo. Día a día, procuro, y seguiré intentándolo, no formar parte de ella. Estoy de acuerdo con aquellos que dicen que si los que tumbaron las puertas de nuestros salones del gobierno el día de Reyes hubieran sido negros o morenos, o cualquier persona de color, la tasa de muertes habría sido mucho más alta, y la narrativa, muy diferente.

Incluso él nos ha dicho que “cuando empieza el saqueo, empiezan los disparos” al hacer referencia a protestantes que no estaban de “su lado”. Pero esta gente, la del día de Reyes, era “su” gente, los “grandes patriotas” como expresó con orgullo su hija en un tuit mientras se llevaban a cabo los disturbios.

Creo que la supremacía blanca existe, y el miércoles funcionó de la forma en la que se supone que debía hacerlo. No podemos esperar que él cambie esta realidad, sino que nosotros debemos hacerlo.

Fue un día triste. Lloré todo el día mientras veía lo que estaba pasando. Lloré al ver a los candidatos que habíamos elegido, con bastante valentía, regresaban al trabajo y lo llevaban a cabo, a pesar de que les llevó cerca de dos días hacerlo. Y luego, cuando por fin emití un suspiro de alivio, ya que el trabajo había sido finalizado, que no había muerto más gente, que no se derramaba más sangre, que nuestro gobierno estaba funcionando nuevamente, nuestro vicepresidente llamó al capellán del Senado para ofrecer una oración como cierre del día. Era la 1 a. m., hora del Pacífico, jueves por la mañana.

No me lo esperaba, pero estaba contento de que hubiera sucedido. Allí, en una tarima, que horas antes había sido invadida por vándalos, terroristas e insurgentes, justo allí, el capellán se dirigió a nuestro Dios. Para mí, fue el mejor momento del largo día. No vi que ningún programa de noticias lo haya cubierto ni mencionado. Solo el New York Times y algunos otros hablaron del tema. Quiero compartirla, y a la vez agradecerle al capellán Barry Black por haberla escrito, por haber dicho la verdad, por la gentileza de su advertencia y por la forma en la que me condena directamente. El capellán Barry Black se paró en esa tarima, en el Capitolio que acabábamos de salvar y la democracia que casi nos quitan, y rezó esta oración.

Señor de nuestras vidas y soberano de nuestra amada nación, deploramos la profanación del edificio del Capitolio de los Estados Unidos, el derramamiento de sangre inocente, la pérdida de vidas y el terrible desorden que amenaza nuestra democracia. Estas tragedias nos han recordado que las palabras importan y que el poder de la vida y la muerte está en la lengua. Se nos advirtió que la vigilancia eterna sigue siendo el precio a pagar por la libertad. Señor, tú nos has recordado que necesitamos ver en los demás una humanidad común que refleja tu imagen. Has fortalecido nuestra determinación de proteger y defender la Constitución de los Estados Unidos contra todos los enemigos nacionales y extranjeros. Utilízanos para sanar y unir nuestra nación y mundo divididos y heridos. Gracias por bendecir a nuestros legisladores para lograr sus objetivos a pesar de las amenazas a la libertad. Bendícenos y guárdanos. Aleja de nosotros todas las malas intenciones, inclina nuestro corazón a hacer tu voluntad y guía nuestros pasos hacia el camino de la paz. Y Dios bendiga Estados Unidos. Oramos en tu soberano nombre. Amén.

Estas son las palabras con las que intento quedarme, y las que intento lograr cumplir, desde este día de Reyes de 2021. Debemos permanecer alertas. Vamos a tener que responsabilizar de la misma forma a la próxima gestión. No están más exentos de esta cultura que forma parte de nuestra vida común. Nosotros también tenemos que responsabilizarnos. Cambiar y sanar esta sociedad es un trabajo de todos y cada uno de nosotros. No hay persona, ni partido, ni ideología que pueda cambiarla.

Aunque sea demasiado tarde, puede que no sea en vano y que los eventos actuales sean un día de Reyes de verdad para todos nosotros.

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